¿Y si los sueños se hicieran realidad?

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Antes eran amigos. Se llevaban bien, bromeaban... Pero un día cambió. El amor se cruzó entre ellos. Ella se enamoró locamente de el. Y desde el primer momento supo que él no debía saberlo. Se lo guardó para ella. Estaba con él, le sonreía cuando en realidad tenía ganas de besarle, de abrazos. Pero tenía miedo. Tenía miedo de perderle si se entereba. No podría soportar eso. Cada momento pensaba en él, no le olvidaba ni un solo instante. Si no pudiera hablar con él, mirarle, reir con sus chistes malos, solo quedarían sus sueños, y eso no era mucho consuelo, porque al despertar todo se acaba. Cada vez que le veía sentía escalofríos, y tenía ganas de tirarse a sus brazos y besarle. La vida sin verle no sería vida. Por eso no podía ddecirle que le quería. Porque sentía que si se alejaba de ella sufriría inmensamente.
Él la trataba muy bien. Era cariñoso, amable... en fin, seguro que tenía algún defecto, pero no lo mostraba. Al menos cuando estaba con ella. ¿Cómo no enamorarse de un chico así?
Ella no lo sabía, pero él sentía algo también. Desde hacía unos meses se había dado cuenta de que los mejores momentos del día los pasaba junto a ella, de que si un dia no la veía la echaba de menos, y de que podía quedarse horas mirando sus ojos. Era la chica que siempre había buscado, y hasta ese momento no se había dado cuenta de que la tenía delante. Pero no sabía si decirselo, aunque sus miedos no eran los de ella. Él sabía que no la iba a perder por eso, que no se iban a distanciar si su respuesta era "no". Pero precisamente eso era lo que temía: un "no". Tenía un miedo tremendo a que le rechazara. Asi que decidió esperar.
Estaban en una fiesta. Él llebaba toda la tarde intentando animarla. Pero no pudo hacer mucho. Estaba de bajón. Le veía ahí, sonriendo y bailando, y pensaba que nunca estarían juntos. Decidió salir a la terraza. Quizás el aire fresco la animaría un poco. Hacía frío, y solo llevaba una camiseta de tirantes, pero le dio igual. Necesitaba estar sola. Una lágrima se deslizó por su mejilla.
En ese momento entró el. Llevaba un jersey negro de cuello, pero aún así iba enrollado en una manta.
- ¿Qué haces aquí sola?
- Nada, no te preocupes. Quería tomar un poco de aire.
- Claro, por eso estás llorando. ¿Te crees que soy tonto?
- Por supuesto que no. Solo estoy un poco triste, nada más.
- Dime por qué. Sabes que no se lo voy a contar a nadie.
- No, no puedo decirtelo. Es muy... complicado.
- No soporto verte llorar.
Se miraron y el mundo se paró un instante. Se acercaron poso a poco hasta fundirse en un beso. En un beso dulce, perfecto.
Ella pensó que estaba soñando. Nunca había tenido suerte en el amor. 
Cuando se separaron se volvieron a mirar., y un escalofrío recorrió su cuerpo. Quizás fueran los nervios, o el frío, o la ilusión, o las tres cosas. El lo notó y se quitó la manta para ponersela sobre los hombros. La abrazó con todas sus fuerzas y volvió a besarla.
Vieron amanecer allí, sentados en el suelo, entre besos y miradas. Sobraban las palabras cuando eran capaces de decirselo todo al mirarse. Ella había soñado tantas veces con ese momento que necesitó pellizcarse el brazo para saber que era cierto.
Se quedaron dormidos, y tardaron mucho en despertarse. No podía haber un lugar mejor que ese en aquel momento. A la mañana siguiente los dos tenían un reflejo de felicidad en la cara. 
- Buenos días, princesa.
- Hola.
Se miraron. Pero tambien se dieron cuenta de que todos sus amigos les miraban. Él se levantó y cerró la puerta de la terraza. Se acercó a ella y fue a besarla, pero ella apartó la cara.
- ¿Qué pasa?
- Necesito saber que significa esto para ti.
- Yo...
- No, dejame terminar. Necesito saber si es un rollo de una noche o algo más. Se que debí decirtelo antes, pero tenía miedo de perderte. Estoy enamorada de ti. Por favor, necesito saber que ha sido esto para ti.
- Yo quiero estar contigo, quiero tenerte todos lo dias a mi lado, quiero besarte cada vez que te vea. Quiero salir contigo.
- Por favor, dime que no estás bromeando. ¡No puedo creer que esto esté pasando!
- ¿Eso es un sí?
- ¡Por supuesto!
Todo era maravilloso si estaban juntos. Todo dolía menos, las penas no eran tan fuertes... Lo compartían todo, fuera bueno o malo. Aprovechaban cualquier ocasión para decir "te quiero" y cualquier momento era bueno para fundirse en un beso, en unos besos que, a pesar del tiempo, conservaron la pasión y la dulzura del primero.

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This page contains a single entry by Iluck published on February 17, 2011 11:17 PM.

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